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Livejournal

A partir de ahora este livejournal va a pasar ser privado. Si quereis leerme, enviad una peticion de amigo y decidme quienes sois.

Se que es un coñazo, pero me estoy hartando de muchas cosas y quiero algo de privacidad :3

Alicia y el Sombrerero

alicia trago aire antes de soltar de golpe, sin pensar:

Te he estado esperando. Durante mucho tiempo!

El sombrerero fruncio el ceño y dejo por primera vez su taza en la mesa

¿Cuanto es mucho tiempo?

No lo he contado.

Entonces tendras que comprarte un reloj. No esta bien que una señorita vaya por ahi sin saber cuando es mucho o poco

Te he esperando durante toda mi vida.

Eso es imposible.

Esta vez fue Alicia la que fruncio el gesto.

¿Por que? Los niños esperan toda su vida a crecer!

Pero cuando lo consiguen se olvidan que alguna vez lo desearon. No, eso no me sirve. Nadie espera eternamento por una persona. Ni ahora ni nunca.

Eso, eso

Sermoneo el liron en sueños.

Te he esperado toda la vida. No se cuanto tiempo, porque no lo he contado. Pero siempre lo hice, siempre, siempre...

Y sin embargo, Alicia, te has entregado a otros brazos y a otros labios antes de encontrarme

¿Acaso tu no lo has hecho?

No es lo mismo. Fue para llenar tu ausencia.

Lo mio tambien.

No te creo.

Entonces borremos todos los besos, y todas las caricias.

Borremoslo todo

No es posible.

¿Por que?

Porque estamos hechos de recuerdos. Son los recuerdos
los que nos van dando forma a nuestro ser.

Ser tiene tres letras, si si... semorneo de nuevo el liron

Hablas de recuerdos como quien habla de hojas que caen y se acumulan en el suelo. Yo te recuerdo.

Nunca nos hemos visto antes de esto.

Yo te recuerdo

¿No te das cuenta Alicia que todo es una penosa casualidad?

Si tu libro no hubiera sido tan aburrido, no te habrias dormido. De no dormirte, no habrias visto al conejo. Y  sin conejo no hay pasaje al pais de las maravillas.

El sombrerero cogio su taza de porcelana rota y siguio bebiendo, ignorando otra vez Alicia.

No quiero tazas de te

No quiero tazas de te, porque el nuevo príncipe que llegue acabara rompiéndolas.

No quiero terrones de azúcar, por que el príncipe, cuando llegue, los arrojara por el suelo

¿Por que me preocupo tanto por un príncipe? Si el que vendrá lo hará en un caballo azabache en lugar del prometido corcel.

Si yo no tengo corazón que pueda destrozar una vez mas.

Ya no queda más cuerpo que golpear.

No quedan más humillaciones que pronunciar.

Nada que pueda ser mancillado…

De los cuentos de hadas, las brujas son la única verdad.

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Sacrificio

Me sacrificaste cuando se cumplían ventitres otoños.

La piel, fiebril, y el rostro fantasmal. ¿Sera que esto agrada a los dioses? Las velas que prendiste la primera vez se han extinguido demasiado pronto.

¿Fue la oscuridad o eras tu en realidad?

¿Quien era la bestia que me destrozo?

Tus actos eran como balas, y mi corazón demasiado tierno para soportarlas...

Un disparo a quemarropa hubiera sido menos doloroso que lo que me hiciste...

¿Jamas te diste cuenta de la forma en que se clavaban las espinas de las rosas que nunca me diste?

¿Jamas viste mi sangre goteando sobre tu piel desnuda?

Tal vez, todo hubiera sido mas sencillo si me hubieras cubierto de petalos de rosas en lugar de envolverme en cadenas.

Pero las flores en tus manos, inexplicablemente se marchitan siempre...

Desolacion

Abrazame, besame, rompenme. Lo único que deseo es resucitar del dolor que siento.

Aunque mis labios se fruncen en la una sonrisa, es solo un musculo. Un acto que no comparte mi alma.

En el hastío de la noche primaveral, busco en refugio de unos brazos que me alcen de la nada. Del hombro eterno confesor donde poder soltarlo todo, buscando el eterno perdón.

Cuando he gritado, dijeron que las palabras eran demasiado dolorosas como para escucharlas. Demasiado necias y vacías.

Como si estuvieran cargadas de mentiras o de simples exageraciones

Tal vez mi cuerpo no presente rasguños, pero he sido deshilachada como una muñeca rota de trapo.

Tengo el alma masacrada y el corazón representa solo los restos de una batalla perdida.

Si me encontraras, te arañaría.

Si me abrazaras, te apuñalaría.

Si te dijera la verdad, me odirias.

Soy una flor que espera en vano la primavera. Una rosa cargada de espinas de miedo y dolor.

He jugado una partida de dados que yo no deseaba y he perdido. He pagado la prenda con mi cuerpo de doncella. ¡Ya no tengo nada que ofrecerte!

Sin embargo, en las noches sin luna te espero en vano, a pesar del temor a volver a ser destrozada.

Ojala tu seas distinto al dragón.

Ojala me abrazaras.

Ojala me escucharas y no me odiaras por todo lo que he hecho.

Creo que entonces me desangraría a base de lagrimas

Odio el poker...

Me hubiera gustado verte antes del Fin del Mundo, pero no es posible.

Por que todo es undireccional. Los sentimientos, las ganas. Son undireccionales.

Me demuestras que esta situacion te da lo mismo.

¿Por qué no pones las cartas encima de la mesa? ¿Por qué no me dices que soy exactamente para ti?

Creia que hoy no jugariamos al poker...

Porque siento que sólo soy un nombre. La mascota que pides a tus padres y al final cuida tu madre.

Discula mis modales victorianos sobre anfitriones.

¿Por qué no dijiste que no? Habria dolido, pero ahora sólo estás permitiendo que me ahogue a base de lagrimas y que me ahorque con las cintas de mis zapatos.

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Barcelona'09

Perdoname por no haber sido capaz de saltar todas las trabas que poco a poco fueron apareciendo en el camino.... Habria dado un brazo por esos momentos, aunque tu no seas capaz de verlo....

Reflexiones ante Utena

En la pantalla la imagen sigue avanzando. Un hombre alto con un traje blanco apoya la mano sobre el pecho de una chica que le mira fijamente. La luz familiar surge de ella, mientras su cuerpo se curva hacia atrás quedando en los brazos del hombre.

No queda nada de su peculiar uniforme. Sólo un vestido rosa, con el mismo diseño de los que dos que han ido apareciendo en la historia. El vuelo de la falda se alza, dejando ver el final de la enagua. La chica, Utena, echa la cabeza hacia atrás. Su expresión es similar a la de un trance. Y el hombre, Akio, alza una espada hacia el techo donde se encuentra un palacio invertido.


- Rebobina
- ¿Por qué?
- Me gusta ésta parte…
- ¿Por qué?
- Utena siempre ha tenido la hermosura de alguien que no sabe lo mucho que lo es. Me gusta cuando se deja caer en brazos de Akio y su flequillo rosa se mueve hacia atrás. Me gustaría hacerme ése vestido…
- Siento repetirme, pero… ¿por qué?
- Quiero que Akio me sostenga de la misma forma.
- Akio no existe. Es sólo un dibujo.
- Pero existen los príncipes. Y para Utena, Akio es el príncipe.
- ¿Crees en los príncipes?
- Sí.
- ¿Si?
- Sí. Existen.
- ¿Has visto alguno?
- Je… Suenas como si fueras a preguntarme si he visto a un Hada correteando por mi jardín o al duende con la olla de oro al final del arco iris.
- No era mi intención. No trato de burlarme de ti.
- Disculpas aceptadas…
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- Los príncipes.
- Ah sí…

Dobla las rodillas colocándolas precariamente en el borde de la silla. Es una chica alta, y por eso tiene que encogerlas pegándolas contra el cuerpo. Las abraza, apoya la cabeza sobre éstas y deja de una maraña de rizos, de ondas, de un color negro mezclado con castaño resbalen por la piel. Como un manto que tapa la grotesca cicatriz de su piel blanca. El brillo de sus ojos, marrones, se percibe entre todo ese pelo que decora su cabeza.

Utena vuelve a caerse. Utena se viste de princesa. Utena vuelve a quedar en trance.


- He visto a uno.
- ¿Mm?
- Que he visto a uno. A un príncipe.
- Los príncipes sólo existen en los cuentos. Y en alguna de esas novelas románticas para pasar el tiempo llenas de clichés absurdos.
- Le dije que era como el príncipe de los cuentos.
- ¿Y qué te dijo?
- Hmmm… Supongo que debió de parecerle extraño.
- ¿Extraño?
- ¿Te han dicho alguna vez que eres como el príncipe de los cuentos?
- Eh… No, no es algo que me digan habitualmente.
- ¿Lo entiendes ahora?
- Supongo… Pero a mi me parece un cumplido bonito.
- No he dicho que no le gustará… Supongo que sí que debió de agradarle… Es sólo que… debió de parecerle extraño. Si me lo dijera a mi alguien… Pensaría que es una persona un tanto peculiar.
- Pero a ti no te pueden llamar príncipe. Eres una chica. En todo caso serías princesa.
- Me hubiera gustado más ser el príncipe.
- ¿Por qué? Pensaba que a todas las chicas os gustaba la idea de ser princesas…
- Ser princesa es aburrido. Lo único que puedes hacer es bordar, bailar, cantar, cocinar… deliciosas tartas, por supuesto… o… dormir esperando a que el príncipe tenga el día libre para ir a salvarte… Siempre y cuando no se lo zampe un dragón al que probablemente algún idiota ha puesto a régimen o que tu simpática madrastra no trate de matarte o de tener de esclava.
- ¡Ja! Es una curiosa forma de ver las cosas ¿no? Así que… ¿Tú no eres una princesa?
- No. Rebobina otra vez… Por favor.
- Como quieras…
- Yo soy la idiota que se enamora del príncipe.
- ¿Cómo dices?
- Soy la idiota que sale en todos los cuentos y se enamora del príncipe encantador.
- Pero… Es la función de todo cuento de hadas… Hay un príncipe, una princesa o una pobre y hermosa joven que termina enamorándose del príncipe.
- Tú lo has dicho. Una pobre y hermosa joven. Yo no encajo en el papel.
- ¿Por qué no?
- De pobre no tengo demasiado, y carezco de ningún tipo de hermosura.
- ¡Que tontería! A mí me pareces hermosa.
- Lo dices porque estoy yo delante, escuchándote, y es lo que se suele decir en éste tipo de conversaciones.
- Hmmm… Creo que lo diría aunque tú no estuvieras delante. ¿Te parece mejor?
- Puede. Pero no uses ése tono cumplidor.
- ¡Ja,ja! ¡Lo lamento! ¡Pero no lo decía por eso!
- Hmmm… Yo no pego para estar con el príncipe.
- ¿Hmmm?
- Debería estar con una princesa. Yo sólo soy Cenicienta con los pies demasiado grandes.
- A Cenicienta le valían los zapatos….
- A mí me creció el pie.
- ¡Que negativa me resultas a veces!
- Puede… Pero es que llevo más de una semana pensando.
- ¿Y eso es malo? Se supone que el ser humano piensa.
- Ya. Pero… Pensaba en que si lo que hago ésta bien, ¿sabes?
- Supongo que sí… ¿En qué pensabas?
- Quería meterme en un lío por el príncipe.
- No me digas…
- Sí… Quería escaparme de la vigilancia sobre protectora de los emperadores retirados…
- ¿Los qué?
- Los emperadores. Mis padres. Es un nombre estúpido, lo sé, pero… yo sé por qué se lo puse.
- Entiendo…
- Quería escaparme aprovechando una visita al templo que iban a hacer…
- ¿Rezan?
- No. Bueno, mi madre sí. Mucho.
- ¿Entonces?
- Es una metáfora. No sé si lo entiendes. Como la de los emperadores.
- Ya… ¿También hay que incluir al príncipe?
- No. A él no. Él es el príncipe. Me haga gracia o no.
- ¿Es que no pueden existir mas príncipes en un cuento?
- No. He tenido a un caballero, un sapo, un bufón, un pretendiente, un amante… y hasta he tenido al avatar de la oscuridad a mi lado. Pero ninguno se ha repetido jamás. ¿Conoces un manga muy extraño llamado “Are you Alice?”?
- Hmmm… En absoluto. ¿De qué va?
- De Alice.
- No me digas… Jamás me lo podría haber imaginado…
- Cada personaje tiene un nombre, salido del libro de “Alicia en el País de las Maravillas” Un nombre único. No existe otra persona en todo el reino que tenga el mismo. Lo mismo ocurre aquí. El príncipe sólo hay uno.
- ¿Y si se va?
- Que agorero eres… Luego dices que yo soy negativa.
- Lo siento. Saltas por todo hoy.
- Puede. Pero si se va, seguirá siendo el príncipe. Aunque no nos guste a ninguno de los dos.
- Suenas como enamorada del príncipe, y todo…
- Sí.
- ¿Sí?
- Sí.

La pantalla sigue con su dialogo y las imágenes pasan. Nosotros dos nos quedamos en silencio, mirándola. Algo en japonés llega a mi mente, pero tampoco le estoy prestando demasiada atención.

- ¿Y qué pasó?
- ¿Con qué?
- Con tu fuga…
- Ah sí… No lo hice.
- ¿Por qué?
- No lo sé… Supongo que todos pensaban que era una tontería que lo hiciera.
- ¿Y él?
- ¿Quién?
- El príncipe.
- Ah… Creo que sí. Creo que piensa que es una tontería.
- ¿Lo sabe?
- ¿Hmmm?
- El por qué.
- No.
- ¿Se lo vas a decir?
- ¿A ti te gustaría que te lo dijeran?
- No lo sé… Nunca me he planteado esa situación.
- A mí si me lo dijeran… Creo que lo entendería como un reproche, ¿sabes? Como si le dijeras… ¡Iba a hacer esto, por qué no lo valoras!
- Entiendo…
- Siempre coges las cosas al vuelo, ¿eh? Pero… Me da algo de pena.
- ¿Hmmm?
- Dicen que cuando te enamoras te vuelves una cursi.
- Yo jamás me he vuelto cursi…
- Da igual. Es a la conclusión a la que llegamos una chica y yo. Que ciertas personas cuando se enamoran, se hacen cursilonas.
- Ya.
- En mi caso simplemente me vuelto idiota.
- ¿Cómo?
- Sí. Es idiota quererte escaparte, jugarte el cuello, por… ¿unas horas? ¿un par de días? Eso es estúpido.
- Pero es que tú estás enamorada.
- Sí. Y por eso mismo digo que estúpido. Y egoísta. No lo estoy haciendo por nadie. Lo hago por llenar el vacío que siento cuando no le veo.
- Todos nos sentimos así, lejos de quien queremos…
- Puede. Pero una cosa es sentirlo. Y aguantarlo. Y otra muy distinta es salir corriendo como si fuera una niñita que acaba de ver a un fantasma.
- Creo que te entiendo…
- Por eso mismo. Ya no soy ninguna niña ¿no?
- En ésta sociedad… No, nadie te consideraría ya una niña. Es más, en muchos países serías toda una anciana.
- Lo sé… Pero a veces me siento como una cría asustada. A pesar de mis años, y de mi altura.
- No eres tan alta.
- Ya. Pero hay días que me siento con complejo de cigüeña. Vamos, de pino.
- Exagerada eres…
- Di lo que quieras.
- Además, que no usas tacones…
- No se usarlos.
- Toda mujer debería saber andar con tacones.
- Yo no.
- Entiendo…
- ¿Sabes? A veces tengo ganas de abrazarle…
- ¿A quién?
- Al príncipe. Ya sabes. Abrazarle con todas mis fuerzas. Un abrazo de esos que hace que al día siguiente te duelan los brazos y te despiertes y te preguntes… “¿Qué ha pasado? No recuerdo haber estado levantando pesos anoche…”
- ¿Y por qué no lo haces?
- Realmente… No lo sé. Nunca había pensando tantísimo antes de hacer nada… La mitad del tiempo, si quiero hacer una cosa, la hago. No pienso mucho en la consecuencia o en el que dirán. Claro, esto sin contar con el factor… timidez.
- ¿De cuánto es?
- No lo sé… Grande supongo que será.
- Ya.
- Pero… Aunque mi cabeza me grita “¡¡¡¡Hazlo!!!! ¡¡¡Maldita sea!!! ¡¡¡Que no tenemos todo el día!!!”, mi cuerpo se paraliza. A veces pienso que su sonrisa sería capaz de desarmar a todo un ejército.
- Exagerada…
- En serio. Nunca ha visto una sonrisa… Tan brillante. Si es capaz de parar a un ejército… ¿Por qué no iba a ser capaz de frenarme a mí?
- ¿Te has fumado algo últimamente? Hablas de una forma muy extraña…
- Lo único que me tomo son éstas imágenes, me como palabras y me intoxico con las cosas que me gustaría hacer… Que me gustaría demostrar. Tengo la impresión de que debe de pensar que no le quiero.
- El príncipe.
- ¿No me escuchas? ¿De quien te crees que hablo?
- No sé… ¿Del duende de la olla de oro?
- Mira que eres… Rebobina otra vez. Quiero que Akio vuelva a sostener a Utena…